Imagen de encabezado: Catedral de Trujillo y Palacio Arzobispal, frente a la Plaza de Armas.

El casco histórico de esta bella ciudad colonial fundada por el conquistador Diego de Almagro en el corazón de una región que habitaron las culturas mochicas y luego sus descendientes del Reino Chimú, fue nuestra “cabeza de playa” para incursionar en los cercanos yacimientos arqueológicos. 
En la misma ciudad fue interesante caminar por la amplia Peatonal Francisco Pizarro hasta Jirón Junín, para ver allí el Museo de Arqueología, Antropología e Historia de la Universidad Nacional de Trujillo. 

Y en los alrededores de Trujillo:

Chan Chan.
Impresionante capital chimú, Patrimonio de la Humanidad, considerada la ciudad de adobe más grande del mundo. Plazas cerradas y pasajes laberínticos entre ellas, grandes patios ceremoniales,  depósitos de alimentos y otros productos, varios palacios donde residieron los distintos monarcas del Reino (vistamos el de Nik An, que es uno de los más pequeños de la ciudad, pero aun así nos pareció inmenso). Todo el conjunto se aprecia muy bien en la gran maqueta expuesta en el Muso del Sitio.
Cerca de Chan Chan, estuvimos en la villa pesquera y playera de Huanchaco, donde entre muelles, pequeños restaurantes y ferias artesanales, se pueden observar los “caballitos de totora“, pequeñas embarcaciones vigentes desde el Perú Antiguo hasta el presente.

Huacas moches del Sol y de la Luna
Luego de recorrer el Museo del Sitio, nos sumamos a una visita coordinada por una guía local (donde los demás visitantes eran exclusivamente peruanos: hay muy poco turismo extranjero en la Costa Norte), a una visita intensiva por la Huaca de la Luna, complejo piramidal trunco al pie del Cerro Blanco. Alucinante recorrido por diversas plataformas, plazas ceremoniales y templos que fueron superpuestos uno sobre otro durante siglos, y que la arqueología contemporánea está sacando a la luz.  Laberínticos corredores suben y bajan entre una vasta iconografía que representa desfiles militares con prisioneros llevados al sacrificio, grupos danzantes, e impactantes figuras como la araña decapitadora o el dios decapitador Aiapæc. El colorido de todas estas manifestaciones artísticas ha resistido en forma notable el paso de los milenios. 
Al otro lado del valle donde habitaron los constructores de estas maravillas, está la Huaca del Sol, que semienterrada y cerrada al púbico, es considerada la pirámide de barro más grande de América.

El Brujo
La visita al Complejo Arqueológico de El Brujo, a unos 50km al norte de Trujillo, sobre el abierto y furioso oleaje del Pacífico, es una experiencia inolvidable.
Pasado el pintoresco poblado de Magdalena de Cao, luego de un trecho de ripio se divisan, recortadas sobre el paisaje oceánico, las tres Huacas o Templos dispuestos en el sitio.
Lo primero que se visita es la Huaca de Cao. Buen Museo del Sitio que alberga la momia de la Dama de Cao (reina que gobernó esta región mochica hace unos 1700 años) hallada en 2006 por arqueólogos peruanos apoyados por la alemana Fundación Wiese en la misma Huaca que está detrás del Museo.
Siguiendo un solitario y estrecho camino de ripio, bordeando el mar y un pequeño caserío sobre la playa y afrontando fuertes vientos marinos, se llega al cerro de la Huaca Prieta, donde se encontraron restos de culturas que en forma continua, una tras otra, habitaron el lugar desde  hace 14.000 años.   
Finalmente, el tercero de los cerros lleva el nombre de Huaca Cortada, debido a dos grandes cortes realizados allí por los saqueadores de tesoros.