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©2026 Matías Wiszniewer
Imagen de encabezado: la colosal torre helicoidal “de Babel”, minarete de la igualmente inmensa Mezquita abasí de Samarra.
Imagen anterior (portada de esta entrada): el horror de la guerra en Mosul, testificado por este edificio pulverizado en la zona antigua de la ciudad.
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Casi todo el norte del país -más montañoso, frío y verde que el sur- fue tomado por Isis durante la guerra de la década pasada.
SAMARRA
Primera parada en el viaje al norte desde Bagdad, con muchos controles policiales de por medio.
Cruzamos el Tigris y las búfalas que bebían en sus orillas, y arribamos a esta otra Ciudad Santa.
Su inmensa mezquita (la más grande del mundo en su época), fue construida en el siglo IX, en pleno esplendor del Califato Abasí, junto a su gran minarete, único en el orbe con escaleras exteriores para ascender a la cumbre. Este minarete, aunque concebido por arquitectos musulmanes, parece que fue inspirado en el Zigurat babilónico de Etemenanki, al que se adjudica -como se menciona en otro apartado- haber sido la Torre de Babel: de ahí que grandes pintores como Brueghel lo hayan tomado como modelo para representar la Torre bíblica. Durante la resistencia contra la invasión estadounidense la torre sufrío daños, pero se encuentra ya recompuesta.
Tikrit
Lugar de nacimiento de Sadam Husein, que construyó un palacio allí, y una ruta especial para conectarlo desde la autopista. Ahora todas las casas del que fuera el barrio del clan de los Husein se encuentran abandonadas, con signos de los cruentos combates de la guerra contra Isis.
Sadam tuvo dos hijos y tres hijas: solo sobrevivieron las hijas, que están refugiadas en Jordania sin permiso para volver a su país; los hijos varones fueron asesinados durante la invasión estadounidense.
HATRA
Habitada por pueblos asirios desde el 2400 antes de Cristo, las ruinas que se aprecian en nuestros días fueron edificadas por árabes politeístas unos dos o tres siglos antes de Cristo.
Patrimonio de la Humanidad, impresiona con sus siete templos principales. En la fachada del de Marran llaman la atención relieves de dragones y de racimos de uvas. La ciudad fue reconstruida por Sadam Husein en los ‘80, semidestruida por Isis y apenas vuelta a reconstruir parcialmente luego de esos combates. Hay un Templo de Allat (diosa de la guerra) y figuras de dromedarios, y se observan sellos de hace más de dos milenios de los albañiles constructores, junto a otros sellos en árabe que mencionan las obras de Sadam. En el período 2014/2016 Hatra fue convertida en cuartel de los combatientes del Isis, que utilizaron el lugar para preparar coches bomba, y las columnas del patio central del Gran Templo para prácticas de tiro (aún se ven las perforaciones de las balas). Estas gentes del Estado Islámico destruyeron la estatua de la reina de Hatra (de la que solo queda el pedestal). Dentro del Gran Templo, la violencia fundamentalista (que no toleraba representaciones “paganas”) dinamitó las figuras que decoraban los arcos y las estatuas de encima de las paredes. Se sabe que el Complejo Religioso estaba amurallado, pero se desconoce dónde estaban el Palacio Real y el Cementerio. Se puede observar, dentro del Templo de Dioniso, una “fábrica” de vino con su sistema de cavas y el hueco donde se encontraba la estatua del dios, que fue llevada al Museo Nacional en Bagdad. En el Templo de las Abluciones se purificaban los cadáveres antes del entierro. Quedan en pie lo que quizás fueron tiendas de un posible Mercado.
MOSUL-NÍNIVE
Apenas llegado a Mosul, subí a la terraza del pequeño alojamiento y la revelación me conmovió: los montículos terrosos que se sucedían uno tras otro hasta más allá del horizonte, detrás de unas murallas bastante bien conservadas, ocultaban las ruinas de Nínive, la gran capital del Imperio Asirio. Y en medio de las elevaciones, un pozo dejaba ver algo de lo que había sido la Biblioteca de Asurbanipal (la más antigua del mundo). Asurbanipal, uno de los principales monarcas de aquel reino, había mandado traer los textos (escritos con trazos cuneiformes en innumerables tablillas) que durante milenios elaboraron sumerios, caldeos, babilonios, acadios y los propios asirios. Como todos los imperios, el de los asirios también cayó, y Nínive fue arrasada e incendiada, al igual que la Biblioteca de Asurbanipal. Pero las tablillas, hechas de una arcilla cocida que el fuego no pudo devorar, resistieron el desastre, y así es que hoy tenemos acceso a esos “libros” invalorables, como la Epopeya de Gilgamesh (primera obra literaria de la Historia, que cuenta cómo aquel rey de Uruk, hace unos cuarenta y siete siglos, buscó la inmortalidad). Las excavaciones de la Biblioteca no se pueden visitar: solo acceden arqueólogos autorizados. Sí se pueden recorrer las murallas de Nínive y la gran Puerta de Adad, y frente a las murallas, en el restaurante “Lamassu”, que lleva el nombre de los dioses-leones alados que protegías a los asirios, es posible volver al presente y degustar la atractiva gastronomía del norte de Irak.
El Casco Viejo es dual: toda una parte fue reconstruida, pero hay otra parte que impresiona profundamente, porque allí uno se convierte en testigo directo del infierno de la guerra, al caminar sobre los escombros de las casas y edificios pulverizados en el transcurso de la tremenda Batalla de Mosul, cuando en 2017 el ejército iraquí logró tomar el centro del “Califato” gobernado por Isis. Entre lo que fue reconstruido, se destaca la Mezquita de al-Nuri (del último tercio del siglo XII), el preciso lugar donde el Isis había proclamado el Califato.
La caminata del día siguió por el Mercado del Pescado, el Mercado-Bazar, el gran puente sobre el Tigris y una vista exterior de la impresionante Mezquita de al-Rahman, de tiempos de Sadam Husein, cuyas obras quedaron interrumpidas desde la Guerra del Golfo en los ’90: años atrás un líder de los Emiratos Árabes ofreció financiar su terminación pero a condición de colocarle su nombre, y los iraquíes lo rechazaron. Ahora dicen que la van a terminar, pero nadie sabe cuándo.
ASHUR
Regresando desde el Norte hacia Bagdad, la última visita fue Ashur, más antigua que Nínive, primera capital de los asirios (“Ashur” también es el nombre del principal dios asirio), que también fuera ocupada por acadios y partos. A pesar de la devastación del tiempo y del Isis, quedan en pie las ruinas de varios edificios, como su Zigurat del siglo XIII antes de Cristo, el supuesto Palacio Real, las Tumbas Reales y la Puerta del Sol/Shemsh. Entre lo mucho que aún se encuentra bajo tierra, los arqueólogos destacan el Templo de Ashur (dios supremo de los asirios), del siglo XX antes de Cristo.
