Imagen de encabezado: el Océano Pacífico desde Miraflores.

Algo de estos abismales acantilados sobre el Pacífico habrá impresionado a Francisco Pizarro cuando decidió fundar aquí su “Ciudad de los Reyes” como capital del territorio que acababa de conquistar, ofendiendo al Cusco, la sacra sede gubernamental de los incas.  
Barranco, San Isidro y Miraflores: bellísimos barrios donde se concentra “el oro del Perú” actual. Y lejos, de complicado acceso debido al tránsito y a un transporte público difícil, el centro histórico donde se asentaron aquellos invasores castellanos.
Pero hay una Lima anterior, que no era ciudad, sino asentamiento de diversas culturas preincaicas. Me tocó apreciarlas en las sorprendentes ruinas de Huaca Pucllana (Miraflores) y Huallamarca (San Isidro).  
En el fascinante Museo Larco se viaja a lo incaico y preincaico, algo que volverá a ser acompañado en el futuro por el gran Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia, parcialmente cerrado por obras en estos tiempos.
¡Cuánto habrán oído de todas estas historias las nieblas
siempre flotantes de Lima, la Ciudad de los Reyes!