Imagen de encabezado: un cóndor sobrevolando los abismos rocosos del Valle del Colca.

Al camino cordillerano entre Puno y Arequipa lo hice en dos días, con noche en el precioso poblado de Yanque, desde el cual recorrí temprano en la mañana los 40km que bordean el abisimal Cañón del río Colca hasta llegar al punto donde los cóndores suelen pulular entre las 8 y las 10 de la mañana (aunque esas aves majestuosas y veneradas por los pueblos andinos “no dan garantías de aparecer”, según me advirtió un local durante el desayuno). 
Retornando por el mismo angosto sendero de montaña, pasé brevemente por Pinchoclo y por la apacible y bonita Maca, y ya después de Yanque, en la senda hacia la segunda ciudad más grande del país, volví a atravesar (como en la noche anterior) la ciudad de Chivay y sus cornisas que llegan a los 4800 metros de altura.
La sorprendente y total ausencia de estaciones de servicio para reponer combustible en la región agregaron una importante cuota de suspenso, que resolví gracias a que desde aquellas cumbres hasta Arequipa todo es bajada, y pude hacer muchos kilómetros deslizándome en punto muerto, con consumo de nafta casi cero.