Viaje de altísima intensidad. No sólo porque la Fortuna me sorprendió al tocarme con su vara en el sorteo de Altamira (pude ingresar a las cuevas pintadas hace unos 40.000 años). También por el extraño periplo aéreo que me llevó a cruzar cuatro veces los Andes (al partir y al regresar), y por haber caminado el pago del viajero medieval Benjamín (en Tudela), y por las dos Catedrales de Zaragoza. Por Barbastro (donde se jugó la suerte de la dominación musulmana de Hispania, por allá por el siglo XI), por la Burgos del Cid y de nuestros antepasados de más de un millón de años, por el cruce de los Pirineos hasta Pau, por haberme perdido durante tres días y tres noches en la insondable magia de Toledo (la antigua capital del Reino), por la casa de Cervantes en Alcalá de Henares, por lo que Salamanca me dio, por las murallas de Ávila (que se ven en la foto de esta portada), por la casualidad que hizo que en Santander me recibiera la inauguración del fantástico Centro Cultural Botín sobre el Cantábrico, por las maravillas vascas de Bilbao y Vitoria. Y claro, por Madrid, por el eterno regreso a Madrid.

La entrañable capital de España.

Lo que Ávila no da... Salamanca lo presta

El milenario burgo de Burgos esconde, detrás de su propio derrotero espeluznante, historias muchísimo más remotas, que nos llevan al origen de los tiempos...

Santander 2017

En la capital de Cantabria, frente a la Bahía, me aguardaron sorpresas.

El País Vasco desde Santander.

Un sumergirse en tiempos insondables de la experiencia humana frente al Cantábrico, con el batacazo inolvidable de las Cuevas de Altamira.

Barbastro, Alquézar y Villanueva de Sigena.

Zaragoza, la brillante capital de Aragón, la de las dos catedrales y la Aljafería; y desde Zaragoza a Tudela, cuyo viajero más ilustre fue el judío Benjamín, del siglo XII.

Desde Zaragoza, breve aventura del otro lado de los Pirineos.

Toledo 2017

Capital de los enigmas hispánicos.