El objetivo fue la deslumbrante Cusco, en los Andes peruanos, “el ombligo del mundo“, la capital del Imperio incaico. Pero también sus alrededores: Machu Picchu, las tejedoras de Chinchero, Ollantaytambo, el Valle Sagrado. Y cruzando la frontera, una asombrosa “olla” rodeada de cerros, a casi 4.000 metros de altura, la capital de Bolivia, La Paz. Y también en Bolivia, Tiahuanaco (o Tiwanaku, esa misteriosas ruinas de una cultura que vivió mucho antes que los Incas), y la Isla del Sol, lugar de nacimiento -dicen- de los dioses que fueron armazón del espíritu incaico.
Finalmente, en Lima, unos días para visitar el Perú colonial en la Plaza de Armas, otra plaza dedicada a nuestro General San Martín (que también fuera Libertador del Perú), y el alucinante acantilado donde palpita el siglo XXI en Miraflores.